Frente a tu propia cámara

Para pasar a la historia, hace falta dejar constancia de quién eres. Y también de cómo eres. Así,  la gran mayoría de personajes históricos han querido dejarnos imágenes que reflejen su aspecto, gracias al trabajo de pintores que intentaban realzar las características más llamativas de cada rostro. Pero cuando la pintura se convirtió en un arte, sus maestros también pensaron que sería una buena idea retratarse a sí mismos para que en el futuro se les recordara con mayor nitidez. Son numerosos los pintores que se han realizado autorretratos, desde Leonardo Da Vinci hasta Picasso. Y, como suele pasar, la pintura ha sabido transmitir sus inquietudes a la fotografía.

Por ello, los fotógrafos desean plasmar su imagen y la identidad de sus fotografías en autorretratos que pasen a la historia. Se cree que el primero en hacerse posó ante su propia cámara fue Hippolyte Bayard, considerado uno de los padres de este arte. En la imagen superior vemos su autorretrato,  que data de 1840, en la que aparece como ahogado y donde explora el mundo ficticio.

Desde este momento, cada fotógrafo quiere tener una imagen que refleje su aspecto físico, pero es un género que da muchas posibilidades. Tan sólo con tener un trípode o un buen soporte, o alguna superficie que refleje la imagen, se puede realizar un autorretrato, aunque entran en juego muchísimos otros aspectos como la luz, la composición y los efectos que le queramos dar con la cámara. Pero, por supuesto, el factor más importante es la imaginación.

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